Te encontré desenvainada
Con telas de seda y
cartera de olivo,
Con ojos purificados
y manos acicaladas
Buena cara de aquel día,
Te aceche y corteje
lo plástico vivido
La mendacidad de tu
finura me sustrajeron de por vida
Y así nos apapachamos
de ternura
Olvidando las griterías
tuyas y mías,
Pensé en que eras mía
y yo de ti,
Mi creencia deposite en
tus manos de acero pluma
Y aun así me pagas
con farsa tuya.
Dijiste adiós de por
vida
Sin saber que había amante
prohibido
Corriste tras el
lupanar tuyo
Una furcia llegaste a
ser
Olvidaste todo lo
nuestro y fuiste la triste fulana del
ayer,
Calva y sin abrigo mío
Desierta anduvieras
sabiendo que serás feliz
Y tu sombra te sonara
diciendo que:
No existe dignidad en
ti.
Olvide tus pecaminosos
caminos
Tu deshonesto cuerpo
quedo atrás
Y tu amante sabrá que
eras una mujerzuela más,
Tras deseosos hombres
perderás tu esencia
Y se ira carbonizando
tu alma de tanta mar
Es que solo sirves
para ello
Piedra es piedra y
arena es arena
Tú eres tú y nadie más…
No hay comentarios:
Publicar un comentario